Reflexión

Enséñame oh Dios

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"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis  pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno". Salmo 139:23-24

En los años que llevo aconsejando parejas, es interesante oírlos discutir. Cada uno está convencido de que él tiene la razón, y que el otro está equivocado.

Cuando le llamamos la atención a un creyente porque su comportamiento no es el correcto en la iglesia, muchos aceptan la autoridad pastoral y reciben el consejo, pero otros presentan cientos de excusas y razones para disculpar su comportamiento.

Somos expertos en engañarnos a nosotros mismos. Creamos argumentos que nos disculpan, y lo peor de todo es que terminamos creyéndolos. Pero mover las agujas del reloj, no cambia la hora.

¿Qué pasa si estoy actuando mal, pero estoy sincera y realmente convencido de que no es así? ¿Cómo saber que no estoy equivocado o siguiendo un camino errado? ¿Puedo darme cuenta con facilidad

La oración de David, proviene de un corazón sincero y honesto, que enfrenta sus debilidades ante los ojos de Dios. David no se cree el mejor, no se cree superior a los demás, considera que es posible que en su vida existan áreas que ni él mismo conozca que lo estén llevando por mal camino. El le pide a Dios que lo examine, que lo pruebe, y que lo guíe por el buen sendero.

He hablado con padres y madres que me han afirmado sin lugar a dudas, que son buenos educadores, que tratan bien a sus hijos, que los están guiando correctamente. Pero al hablar con los hijos, se oyen otras palabras: "Cuando sea padre, seré diferente al mío. No quiero ser como él." "Mi madre me castiga por tonterías sin saber la verdad de las cosas". "Quiero ser mayor de edad para irme de la casa".

A veces los esposos creen estar haciendo lo correcto, y no tenemos ni idea de lo que sienten las esposas, y viceversa. Y en algunos casos estamos causando daños irreparables que después, solo en un momento de crisis afloran como dagas envenenadas

¿Cuántas cosas estaremos haciendo mal, y no nos damos cuenta? ¿Cuánto daño estaremos causando a los que conviven con nosotros, y no tenemos ni idea

Es por eso, y siguiendo la enseñanza de David que debemos orar como él lo hacía. “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno".

Nuestra oración, sincera, humilde, respetuosa, pidiendo que la sabiduría de Dios nos guie. Y cuando un corazón sincero, se rinde a los pies del Señor, su Espíritu Santo va tocando nuestras conciencias y nos abre los ojos.

Y a veces Dios usa otros medios. Un buen amigo, una conversación íntima con el cónyuge, y diálogo abierto sin amenazas con los hijos, pueden ser medios que Dios usa para hacernos entender. Y aquí se aplica un versículo muy sabio: “Todo hombre sea presto para oír, tardo para hablar, y tardo para airarse.” (Santiago 1:19).

Dios les bendiga

Autor: Ps. Carl Hardmeier
Fecha: 16.11.2017


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